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	<title>Comments for Libros electronicos</title>
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	<description>Conociendo y visionando sobre el libro electrónico</description>
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		<title>Comment on 2. Proyectos hipermedia by Felix</title>
		<link>http://libroselectronicos.wordpress.com/2007/10/21/2-proyectos-hipermedia/#comment-84</link>
		<dc:creator>Felix</dc:creator>
		<pubDate>Sun, 26 Jul 2009 09:37:06 +0000</pubDate>
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		<description>te dejo el enlace a mi sitio,dedicado a la literatura digital (entre otras cosas) por si te interesase ver muchos más ejemplos. Saludos</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>te dejo el enlace a mi sitio,dedicado a la literatura digital (entre otras cosas) por si te interesase ver muchos más ejemplos. Saludos</p>
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		<title>Comment on Zink (Zero Ink): una nueva forma de impresión by Juan1</title>
		<link>http://libroselectronicos.wordpress.com/2008/03/05/zink-zero-ink-una-nueva-forma-de-impresion/#comment-82</link>
		<dc:creator>Juan1</dc:creator>
		<pubDate>Sat, 20 Jun 2009 00:05:35 +0000</pubDate>
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		<description>mmmm pero lo costoso esta en los papeles, deben costar un ojo de la cara</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>mmmm pero lo costoso esta en los papeles, deben costar un ojo de la cara</p>
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	<item>
		<title>Comment on Feedbook: la solución para leer adecuadamente libros electrónicos by Anomino</title>
		<link>http://libroselectronicos.wordpress.com/2008/03/19/feedbook-la-solucion-para-leer-adecuadamente-libros-electronicos/#comment-81</link>
		<dc:creator>Anomino</dc:creator>
		<pubDate>Sat, 06 Jun 2009 11:32:46 +0000</pubDate>
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		<description>Libros para descargar gratis en www.megalibros.com</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Libros para descargar gratis en <a href="http://www.megalibros.com" rel="nofollow">http://www.megalibros.com</a></p>
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	</item>
	<item>
		<title>Comment on Tinta electrónica (e-Ink) y papel electrónico (e-paper) by Render4U&#187; &#187; Lectores electrónicos</title>
		<link>http://libroselectronicos.wordpress.com/2007/11/10/tinta-electronica-e-ink-y-papel-electronico-e-paper/#comment-80</link>
		<dc:creator>Render4U&#187; &#187; Lectores electrónicos</dc:creator>
		<pubDate>Sat, 30 May 2009 12:35:18 +0000</pubDate>
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		<description>[...] enlazo a este artículo de libros electrónicos con presentación animada incluidada en la [...]</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>[...] enlazo a este artículo de libros electrónicos con presentación animada incluidada en la [...]</p>
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	</item>
	<item>
		<title>Comment on Industria editorial en proceso de cambio by silviaB</title>
		<link>http://libroselectronicos.wordpress.com/2008/01/13/industria-editorial-en-proceso-de-cambio/#comment-78</link>
		<dc:creator>silviaB</dc:creator>
		<pubDate>Wed, 06 May 2009 00:17:20 +0000</pubDate>
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		<description>Este sitio está genial.
Había escuchado al respecto de este proyecto y me parece espectacular estar al frente de él.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Este sitio está genial.<br />
Había escuchado al respecto de este proyecto y me parece espectacular estar al frente de él.</p>
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	</item>
	<item>
		<title>Comment on Historia de los libros electrónicos (parte IV): Software para leer libros electrónicos by juan carlos</title>
		<link>http://libroselectronicos.wordpress.com/2007/11/03/historia-de-los-libros-electronicos-parte-iv-software-para-leer-libros-electronicos/#comment-77</link>
		<dc:creator>juan carlos</dc:creator>
		<pubDate>Thu, 29 Jan 2009 11:35:57 +0000</pubDate>
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		<description>quiero leer un libro de historia</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>quiero leer un libro de historia</p>
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	<item>
		<title>Comment on Un sueño hecho realidad&#8230; Lulu.com se asocia con Borders by Juan M</title>
		<link>http://libroselectronicos.wordpress.com/2008/03/08/un-sueno-realidad-lulucom-se-asocia-con-borders/#comment-76</link>
		<dc:creator>Juan M</dc:creator>
		<pubDate>Sun, 11 Jan 2009 08:09:22 +0000</pubDate>
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		<description>Buenas, soy Juan Moisés, y acabo de publicar mi primera novela con Lulu.com, titulado “La Piedra Habbaassi” (http://www.lulu.com/content/5224769) y la verdad es que es muy facil de subir tu novela y publicarlo, solo has de seguir unos pocos pasos y además luego te proporcionan una tienda virtual donde se exponen todas tus obras, en mi caso es: http://stores.lulu.com/juanmoisesdelasernatuya
Espero que esto les sirva de ejemplo para que se animen.
Un saludo.

P.D. Sobre la novela en cuestion “Un descubrimiento casual sobre una cultura ancestral en Perú, los “Paracas”, es el origen de un interesante relato de viajes que conducirá al protagonista por tres continentes, a lugares llenos de encanto donde tendrá que hacer frente a las dificultades que irán surgiendo, a la vez sigue un camino de descubrimiento personal con numerosas experiencias que le conducirán a un crecimiento interior más allá de su imaginación. Una novela que mezcla a partes iguales información sobre los últimos descubrimientos científicos en neuroanatomía y psicología, con la tradición milenaria de pueblos desaparecidos</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Buenas, soy Juan Moisés, y acabo de publicar mi primera novela con Lulu.com, titulado “La Piedra Habbaassi” (<a href="http://www.lulu.com/content/5224769" rel="nofollow">http://www.lulu.com/content/5224769</a>) y la verdad es que es muy facil de subir tu novela y publicarlo, solo has de seguir unos pocos pasos y además luego te proporcionan una tienda virtual donde se exponen todas tus obras, en mi caso es: <a href="http://stores.lulu.com/juanmoisesdelasernatuya" rel="nofollow">http://stores.lulu.com/juanmoisesdelasernatuya</a><br />
Espero que esto les sirva de ejemplo para que se animen.<br />
Un saludo.</p>
<p>P.D. Sobre la novela en cuestion “Un descubrimiento casual sobre una cultura ancestral en Perú, los “Paracas”, es el origen de un interesante relato de viajes que conducirá al protagonista por tres continentes, a lugares llenos de encanto donde tendrá que hacer frente a las dificultades que irán surgiendo, a la vez sigue un camino de descubrimiento personal con numerosas experiencias que le conducirán a un crecimiento interior más allá de su imaginación. Una novela que mezcla a partes iguales información sobre los últimos descubrimientos científicos en neuroanatomía y psicología, con la tradición milenaria de pueblos desaparecidos</p>
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		<title>Comment on Libro impreso VS libro electrónico by Arturo von Vacano</title>
		<link>http://libroselectronicos.wordpress.com/2007/12/26/libro-impreso-vs-libro-electronico/#comment-74</link>
		<dc:creator>Arturo von Vacano</dc:creator>
		<pubDate>Sat, 13 Dec 2008 21:11:44 +0000</pubDate>
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		<description>El siguiente es mi comentario:

El Muro del Millón de Dólares

Arturo von Vacano

Poniéndome la mano al pecho quiero prometerle que no intentaría escribir estas líneas si no es porque tengo deuda con vivos y muertos y la arena del tiempo ya se me agota. 

Detesto escribir esta historia, principalmente porque la he escrito en diez o doce versiones y porque tiene como tema mi humilde persona. Mis acreedores pululan hoy por las páginas de mis libros y son los personajes que hicieron mis 70 años, mis 25.550 días. Deberá creerme usted si le digo que construí esta mi vida sobre la de esas sombras y esos fantasmas, a los que prometí  en silencio solemne y en días de inocencia infantil que los preservaría del olvido; pero así no ha sido y por eso abuso este instante de su paciencia, amable lector.

Apostaría a que usted también ha sido víctima de esa broma divina que consiste en dar a cada quien todo lo que necesita menos aquello que puede hacerle feliz. Como decía Pascal, &quot;si quieres hacer  reír a Dios, cuéntale tus planes&quot;. Eso fue lo que hice yo, y aquí me halla usted ahora, aplastado por Su divina carcajada de 14 lustros e incapaz de morir en calma porque nunca cumplí la promesa hecha a fantasmas y sombras con el Númen como testigo. 

Claro que no lo dije con tantas palabras. Simplemente pensé en mis futuros personajes y sombras y en los líos en los que los sorprendería para escribir mis libros y juré ante las estrellas: &quot;Seré rico y famoso. ¡Vive Dios que si: seré famoso y rico!&quot;

A duras penas cumplí la mitad (cinco veces) y fracasé tontamente en cuanto la otra mitad: de rico no tengo dos centavos pero de famoso algo tengo. Aceptaría las cosas como están antes de comprar mi abrigo de caoba, pero sucede que cometí un error craso aunque involuntario. 

Soy incapaz de inventar el más tonto personaje o la sombra menos interesante. Para hilvanar mis páginas no me quedó por eso otra que apelar a ese cuentista famoso que no exige derechos de autor, la realidad tal como la vivimos usted y yo. De ella saqué mis víctimas y mis verdugos, las gentes sobre las que escribí durante las horas más felices de mi paso por este valle de lágrimas. ¡Ah, si las hubiera inventado en lugar de robármelas de la realidad, esa realidad tan real, con cuánta tranquilidad dormiría hoy mis siestas de anciano! Pero no: apenas cierro un ojo las descubro deslizándose hacia mí para reclamar lo suyo y gritar mi deuda hasta forzarme a obedecerles y plantarme una vez más ante estas teclas que, ¿va a creerlo usted? por eso se me hacen odiosas a pesar de haberlas amado desde los cinco años, apenas renunciara al babero. 

Cuando escribí la primera versión no tomé nada muy en serio. Creía por entonces que estaba promoviendo mi obra para satisfacer mi ego y mi billetera. Tampoco tenía por entonces mucho que contar, de modo que la historia era corta todavía. Pero ahora es larga; no mucho, pero larga. Tan larga que me disculpo ahora mismo ante usted del modo más abyecto y me voy a tomar un café intimándole a hacer lo mismo. Cuando vuelva, si vuelvo, continuaré con esta historia. Sólo quisiera rogarle que retorne usted también porque sin usted todo estará perdido.

------

Como decía ayer, de famas y renombres algo hay en mi experiencia. Pues que es tan temprano todavía, déjeme tomarme unos minutos para anotar estos recuerdos. Todo buen juez debe escuchar cada caso completo para emitir opinión que redunde en honor de la especie. (No se me ocurre otro pretexto). 

Dicen que los dioses eligen jóvenes a quienes quieren destruir. Esto es, les dan fama cuando son verdes, inmaduros, porque la fama prematura mata o poco menos. Juzgue usted mi caso, pues. 

El primer texto que escribí para publicarlo apareció en un periódico hecho a mano y llamado &quot;El Acre&quot; porque de allí venía el artista singular que lo hacía. Era un periodiquín en miniatura bello como una flor cuyos dibujos y textos eran trazados, rasgo tras rasgo y letra tras letra, por la mano izquierda del escolar ese en un solo ejemplar que circulaba entre los 1.000 párvulos de nuestra escuela privilegiada. Dije allí con humor y sorna que por no cumplir con mis deberes cotidianos recibía yo un soplamocos diario que amenazaba con desquiciarme los sesos. Sugerí algún método educacional diferente y menos brusco. La idea provocó un escándalo enorme y una amenaza de expulsión inmediata a menos que negara lo que dije allí. Lo negué pues, ignorante como era de la libertad de prensa y la censura. No me expulsaron y fui famoso por vez primera. Después del susto, la experiencia fue grata.

La segunda ocasión sucedió dos años después, cuando faltaban días para mi graduación secundaria. &quot;Nuestros Profesores&quot; se llamó la nota publicada en nuestra revista de bachilleres para demostrar que en algo había cambiado mi opinión sobre las cachetadas didácticas. Pasó por las aulas sin mayor bulla pero fue a parar al único matutino nacional, El Diario, que publicó cada línea tras aplaudir a su autor. Imagine usted al mequetrefe de pantalón corto agradeciendo los aplausos del zapatero, el médico, los vendedores de frutas y el heladero con los que se cruzaba cada medio día. Papá y Mamá, en cambio, chitón, agüero malo del que no supe tomar nota.

Habrían de pasar dos décadas antes de que mi pluma agraciara la prensa boliviana otra vez. No porque no lo buscara yo, sino porque no existía casi la prensa boliviana. Además de El Diario, repulsivo pasquín politiquero, estaba por nacer una Presencia que sería católica hasta morir cuando mis hijos fueran adolescentes y Ultima Hora, un vespertino para el que luego escribiría yo gratis durante años, pero ese fue un hiato largo. 

Dos años después de mi debut en El Diario me exilé voluntariamente porque mis chances de hacerme periodista en Bolivia eran un cero absoluto y terminé en Lima después de una accidentada travesía sobre el Atacama. Tras diversas aventuras conseguí un cargo de reportero y lo demás fue fácil.

En cinco años alcancé el día en que un caballero de buena presencia me paró en la Plaza de Armas, me preguntó mi apellido y me abrazó sincero para felicitarme por mis notas y entrevistas. Cuando la cosa se repitió unas diez veces decidí comprarme un terno y caminar más erguido. Lo mejor que recuerdo de esos días es la belleza de las mujeres que conocí con tal pretexto, y por ello cuento ésta como la tercera vez en que fui famoso. Es de esa época la fotografía usada en la cubierta de &quot;Memoria del Vacío&quot; porque parezco un Mastroiani andino (por periodista, no por lindo) en su dolce vita. 

Varias aventuras me enviaron a USA y me trajeron a La Paz casado tres años antes de mis 30. Entre las cuatro camisas y los tres pantalones con que había experimentado la década de los 60 traje unas hojas de papel periódico que me siguieron durante mis correrías continentales y que, gracias a mi flamante esposa y a un buen amigo suyo, se transformaron en &quot;Sombra de Exilio&quot;, cuyo título no fue obra mía pero cuya trayectoria me dio fama a poco de haberse publicado en 1970. (Tiene una docena de ediciones legales y piratas; sigue vigente). Esta cuarta fama me abrió los consultorios de dentistas y los despachos de ministros, me hizo amigote del alma de gente que jamás viera antes y me dio las páginas de Ultima Hora y Presencia, donde escribí gratis con tanto entusiasmo que terminé preso primero y exilado después, de nuevo en Lima. El exilio duró poco porque Banzer duró menos y ese respiro me permitió publicar &quot;El Apocalipsis de Antón&quot;, del que los bolivianos no saben qué hacerse cuatro décadas después (los académicos dicen que es un disparate; los lectores entusiastas dicen lo contrario) y &quot;Morder el Silencio&quot;, publicado a toda prisa 15 días antes del golpe de García Mesa de 1980 y dos meses antes de mi exilio final, en USA.

Apenas toqué tierra en Nueva York me ofrecieron un empleo como periodista gracias a un caballero al que jamás llegué a conocer en persona y a mi fama boliviana, y salí del aeropuerto Kennedy vestido de embajador pero sin blanca. Un amigo me recogió, me hizo dormir sobre un escritorio y al día siguiente comencé a trabajar.  Un año después llegó mi familia, cuatro ángeles con caritas de manzana de Cochabamba, y al año me trasladaron a Washington. 

Es la hora del café. Gracias por acompañarme. Sólo un solitario como yo puede apreciar en lo justo una compañía como la suya. Quiero apostar a que estará conmigo cuando yo vuelva. Poco falta ya de este breve tratado de la fama. 

-----

 Dos errores garrafales cometí al venir al paraíso del trabajador: creí dominar el idioma hasta el punto de poder escribir en inglés; además, vine viejo, bordeaba los 40 ya. De ese modo, y porque mi debilidad por este pespuntear sílabas es mi vicio, mi vocación y mi maldición, viví las tres décadas de este exilio en español. Escribo en inglés pero es un inglés &quot;extranjero&quot;. Aprendí que lo es después de haberme zampado 450 páginas en inglés durante dos años. Cuando vi que nada podría salvar ese mamotreto, me volví al español.

En mi momento, el Washington latino era el Far West. Sus millonarios eran cocineros, sus periódicos se regalaban porque no podían venderse y los directores de esos periódicos eran, en buen parte, delincuentes. Casi todos ignoraban la Ley porque la Ley los ignoraba a ellos. Todo valía, por tanto. Era el triunfo del lumpen. Cuando las masas migran, envían primero a los más burdos. ¿Debo decir que entre ellos me sentí como un lord inglés entre caníbales? Acostumbrado a vender un millón de dólares anuales en pasajes aéreos y tours mundiales, me vi de pronto compitiendo con personajes hediondos que prometían romperte una pierna si no les dabas media página. Tengo la vergüenza de recordar que dos de ellos eran bolivianos: uno terminó en la cárcel por violar a una menor de edad y el otro huyó de USA para refugiarse entre los torturadores políticos, la policía de Santa Cruz, Bolivia.

Aún así, mantuve durante dos años mi propio pasquín dedicado a enseñar inglés publicando textos en ambos idiomas lado a lado. VISTA se trasladó al Internet durante otros dos años antes de desaparecer. Comencé a escribir artículos del calibre de los que escribía para los bolivianos y en tres meses conquisté la fama en Washington, una quinta fama que me condujo al extraño episodio con el famoso chileno Alberto Donoso y me hizo renovar mi convencimiento de que Satán trabaja en mi contra en estos asuntos.

De paso por Washington, dicen que Donoso preguntó sobre los famosos locales y alguien le mencionó mi apellido. Con parientes en Bolivia, Donoso preguntó allá sobre mi fama y un viejo amigo mío y pariente suyo me envió una carta dándome estos pormenores. En la esperanza de que me ayudara a publicar en Chile, escribí a Donoso. Donoso me contestó una carta misteriosa que hoy figura en los archivos de la Universidad de Princeton, me la envió y se atrevió a morirse de inmediato, con lo que todo esto quedó en el limbo de los misterios impenetrables. 

Ese episodio aparece en mi &quot;Memoria del Vacío&quot; con más detalle pero forma parte de mi fama washingtoniana. Fama que se fue diluyendo porque el ambiente de la prensa latina en Washington se hizo irrespirable. Abandoné, pues, esas notas y me volví a mis comentarios sobre Bolivia que, publicados en diversos sitios de la Web, me dieron una sexta fama no sólo en Bolivia sino en el Continente, por lo menos. Así, conquisté mi segunda fama boliviana y fui durante 15 meses &quot;el comentarista más comentado de Bolivia&quot;. Esa fama no pudo durarme mucho porque, siendo realmente independiente, apoyé mientras pude a Evo Morales pero le critiqué un par de veces, con lo que me quedé otra vez sin tener donde publicar mis elucubraciones. 

Incapaz de dejar de pespuntear sílabas, me dediqué a hacer libros porque para entonces el Internet ofrecía chances de venderlos mediante la librería más grande del mundo, amazon.com, que ya ofrecía &quot;Biting Silence&quot; en sus dos ediciones, mi &quot;Morder el Silencio&quot; en inglés. 

Dos años más tarde, el Internet y las librerías del mundo ofrecían mis libros en papel o digitales, una docena o algo así, al orbe todo. 

¿Dice usted que eso debería llamarse éxito? ¡Pobre de mí! Recién entonces descubrí el Muro del Millón de Dólares. Pero esta historia merece otro café, por lo menos. Voy a estirar las piernas. Vaya, vaya, haga usted lo mismo, pero no se me pierda, ¿eh?

----------------   

 Cuando digo &quot;hacer libros&quot; lo digo literalmente. &quot;Anular&quot;, &quot;Memoria&quot;, &quot;Evo 1&quot; y &quot;Evo 2&quot;, además de otros varios, fueron escritos, compuestos, digitalizados y publicados por su autor, que también les hizo las cubiertas. Para lograrlo tuve que aprender a manejar las computadoras y los programas del caso, pero no fue problema porque sucede que me encantan esos chiches. Hoy mis libros aparecen apenas pide usted a Google datos sobre &quot;Arturo von Vacano&quot; y entre otros 9.000 y pico de datos sobre el suscrito, cifra en la que ni yo puedo creer del todo. O sea que, esté donde esté en el mundo civilizado, mi lector sólo necesita dos minutos y una tarjeta de crédito. Mis libros están literalmente al alcance de sus dedos. 

Esa, la teoría. La realidad es un poco más dura. Es una realidad alterada por el Internet también, de modo que el mismo monstruo me dio y me negó el éxito al hacer posibles mis libros. 

El Internet ha transformado el mundo hasta amenazar seriamente la continuidad de uno de los milagros tecnológicos más útiles y casi perfecto, el libro tal y como se lo conoce desde Gutenberg. 

Lo hizo porque hoy el mundo del libro y sus derivados no es ya de autores y lectores sino uno hecho casi sólo de autores. Esto es, el Internet nos  ha dado miles de millones de autores que ofrecen sus textos y sus libros usando los mismos medios que uso yo, el libro digital y las librerías universales. El resultado son los millones de libros que se ofrecen en el Internet, la gran mayoría de los cuales se quedan sin lectores que los compren porque ya nadie lee; todos escribimos. Bien o mal, todos escribimos. 

Esta es sin duda la expresión más brutal de la democracia a niveles universales. Quienes no leen pero encontraron en los blogs un modo fácil de escribir sin pensar en lo que dicen han inundado de blogs el Internet. Con los blogs y con los libros, la relación entre calidad y cantidad es la misma que siempre se ha dado: por un millón de mediocres se da un escritor de talento. 

Pero, como todos escribimos y publicamos sin preocuparnos de leer, la calidad universal de la literatura ha descendido a niveles suicidas. Hoy, un lector experimentado, un lector que ha refinado su gusto leyendo, se encuentra ante un océano de libros sin poder enterarse sobre la calidad de los mismos porque no existen muchos críticos respetados y porque tales críticos han sido reemplazados por la propaganda y la publicidad. 

Si es usted aficionado a los libros hasta hacerse de su biblioteca propia grande o pequeña, sabe de lo que hablo. Todos los años le ofrecen maravillas literarias que dejan diminutos a los Grandes de la Literatura Universal por un instante pero pasan al olvido poco después para dejar el campo a nuevos genios instantáneos pero falsos. 

Es ante este Muro del Millón de Dólares que todos mis esfuerzos han venido a estrellarse, y me ha vencido. No tengo un millón de dólares para gastarlos en publicidad para mis libros. 

Un best-seller  es, como todos sabemos, un escritor mediocre apoyado por un millón de dólares gastados en publicidad. O por diez millones. Todo depende del editor, que es un conglomerado internacional cuyo mejor interés puede consistir en vender basura al mundo para &quot;educarlo&quot; y enseñarle a gustar de esa basura. Lo que digo no es nada nuevo. En cada país civilizado hay un grupo de gente educada que viene quejándose de lo mismo, la &quot;nueva&quot; literatura de masas que es basura intelectual.

La situación es tal que la industria mundial del libro está en agonía. El libro muere porque no podemos hallar los buenos libros y casi nadie compra libros. El editor pequeño, dedicado al arte de la literatura, desapareció hace décadas. Los editores grandes a nivel mundial, cuatro o cinco, hacen lo que los chinos: inundan el mercado de basura. Hoy, todos usamos las mismas corbatas horribles y los mismos calzoncillos amplios &quot;made in China&quot;. Sólo los millonarios visten y, tal vez, leen como &quot;gente&quot;. 

Para quienes dedicaron su vida quieras que no a escribir, esta es una situación ferozmente injusta porque no permite competencia alguna. 

Es horrendo saber que puedo morir cualquier día de estos sin ganar mi batalla por hacerme &quot;famoso y rico&quot; sólo porque Dios no quiso darme un millón de dólares para mostrar al mundo que soy un escritor (aunque jamás hubo una crítica negativa contra mis libros). 

Pero aún me queda un naipe: maldigo al Sistema por la izquierda y tuerzo la boca por la derecha para rogar a mi amable lector que desperdicie unos billetes para &quot;descubrirme&quot; en su librería más cercana para compartir o combatir mis ideas como se hacía en el mundo civilizado. En este mundo nuevo, mi medio siglo de esfuerzos me ha reducido a esto: a mendigar su atención tal y como lo hace el millón de blogs obra de analfabetos o el billón de sitios porno que hacen nuestra cultura del Nuevo Milenio. Como decía el tango del siglo XX: &quot;todo es igual, nada es mejor; lo mismo un burro que un gran profesor.&quot;

Buenos días le de Dios, y muchas gracias. 

 

----------------------------

http://www.avonvac.com

avonvac@att.net</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>El siguiente es mi comentario:</p>
<p>El Muro del Millón de Dólares</p>
<p>Arturo von Vacano</p>
<p>Poniéndome la mano al pecho quiero prometerle que no intentaría escribir estas líneas si no es porque tengo deuda con vivos y muertos y la arena del tiempo ya se me agota. </p>
<p>Detesto escribir esta historia, principalmente porque la he escrito en diez o doce versiones y porque tiene como tema mi humilde persona. Mis acreedores pululan hoy por las páginas de mis libros y son los personajes que hicieron mis 70 años, mis 25.550 días. Deberá creerme usted si le digo que construí esta mi vida sobre la de esas sombras y esos fantasmas, a los que prometí  en silencio solemne y en días de inocencia infantil que los preservaría del olvido; pero así no ha sido y por eso abuso este instante de su paciencia, amable lector.</p>
<p>Apostaría a que usted también ha sido víctima de esa broma divina que consiste en dar a cada quien todo lo que necesita menos aquello que puede hacerle feliz. Como decía Pascal, &#8220;si quieres hacer  reír a Dios, cuéntale tus planes&#8221;. Eso fue lo que hice yo, y aquí me halla usted ahora, aplastado por Su divina carcajada de 14 lustros e incapaz de morir en calma porque nunca cumplí la promesa hecha a fantasmas y sombras con el Númen como testigo. </p>
<p>Claro que no lo dije con tantas palabras. Simplemente pensé en mis futuros personajes y sombras y en los líos en los que los sorprendería para escribir mis libros y juré ante las estrellas: &#8220;Seré rico y famoso. ¡Vive Dios que si: seré famoso y rico!&#8221;</p>
<p>A duras penas cumplí la mitad (cinco veces) y fracasé tontamente en cuanto la otra mitad: de rico no tengo dos centavos pero de famoso algo tengo. Aceptaría las cosas como están antes de comprar mi abrigo de caoba, pero sucede que cometí un error craso aunque involuntario. </p>
<p>Soy incapaz de inventar el más tonto personaje o la sombra menos interesante. Para hilvanar mis páginas no me quedó por eso otra que apelar a ese cuentista famoso que no exige derechos de autor, la realidad tal como la vivimos usted y yo. De ella saqué mis víctimas y mis verdugos, las gentes sobre las que escribí durante las horas más felices de mi paso por este valle de lágrimas. ¡Ah, si las hubiera inventado en lugar de robármelas de la realidad, esa realidad tan real, con cuánta tranquilidad dormiría hoy mis siestas de anciano! Pero no: apenas cierro un ojo las descubro deslizándose hacia mí para reclamar lo suyo y gritar mi deuda hasta forzarme a obedecerles y plantarme una vez más ante estas teclas que, ¿va a creerlo usted? por eso se me hacen odiosas a pesar de haberlas amado desde los cinco años, apenas renunciara al babero. </p>
<p>Cuando escribí la primera versión no tomé nada muy en serio. Creía por entonces que estaba promoviendo mi obra para satisfacer mi ego y mi billetera. Tampoco tenía por entonces mucho que contar, de modo que la historia era corta todavía. Pero ahora es larga; no mucho, pero larga. Tan larga que me disculpo ahora mismo ante usted del modo más abyecto y me voy a tomar un café intimándole a hacer lo mismo. Cuando vuelva, si vuelvo, continuaré con esta historia. Sólo quisiera rogarle que retorne usted también porque sin usted todo estará perdido.</p>
<p>&#8212;&#8212;</p>
<p>Como decía ayer, de famas y renombres algo hay en mi experiencia. Pues que es tan temprano todavía, déjeme tomarme unos minutos para anotar estos recuerdos. Todo buen juez debe escuchar cada caso completo para emitir opinión que redunde en honor de la especie. (No se me ocurre otro pretexto). </p>
<p>Dicen que los dioses eligen jóvenes a quienes quieren destruir. Esto es, les dan fama cuando son verdes, inmaduros, porque la fama prematura mata o poco menos. Juzgue usted mi caso, pues. </p>
<p>El primer texto que escribí para publicarlo apareció en un periódico hecho a mano y llamado &#8220;El Acre&#8221; porque de allí venía el artista singular que lo hacía. Era un periodiquín en miniatura bello como una flor cuyos dibujos y textos eran trazados, rasgo tras rasgo y letra tras letra, por la mano izquierda del escolar ese en un solo ejemplar que circulaba entre los 1.000 párvulos de nuestra escuela privilegiada. Dije allí con humor y sorna que por no cumplir con mis deberes cotidianos recibía yo un soplamocos diario que amenazaba con desquiciarme los sesos. Sugerí algún método educacional diferente y menos brusco. La idea provocó un escándalo enorme y una amenaza de expulsión inmediata a menos que negara lo que dije allí. Lo negué pues, ignorante como era de la libertad de prensa y la censura. No me expulsaron y fui famoso por vez primera. Después del susto, la experiencia fue grata.</p>
<p>La segunda ocasión sucedió dos años después, cuando faltaban días para mi graduación secundaria. &#8220;Nuestros Profesores&#8221; se llamó la nota publicada en nuestra revista de bachilleres para demostrar que en algo había cambiado mi opinión sobre las cachetadas didácticas. Pasó por las aulas sin mayor bulla pero fue a parar al único matutino nacional, El Diario, que publicó cada línea tras aplaudir a su autor. Imagine usted al mequetrefe de pantalón corto agradeciendo los aplausos del zapatero, el médico, los vendedores de frutas y el heladero con los que se cruzaba cada medio día. Papá y Mamá, en cambio, chitón, agüero malo del que no supe tomar nota.</p>
<p>Habrían de pasar dos décadas antes de que mi pluma agraciara la prensa boliviana otra vez. No porque no lo buscara yo, sino porque no existía casi la prensa boliviana. Además de El Diario, repulsivo pasquín politiquero, estaba por nacer una Presencia que sería católica hasta morir cuando mis hijos fueran adolescentes y Ultima Hora, un vespertino para el que luego escribiría yo gratis durante años, pero ese fue un hiato largo. </p>
<p>Dos años después de mi debut en El Diario me exilé voluntariamente porque mis chances de hacerme periodista en Bolivia eran un cero absoluto y terminé en Lima después de una accidentada travesía sobre el Atacama. Tras diversas aventuras conseguí un cargo de reportero y lo demás fue fácil.</p>
<p>En cinco años alcancé el día en que un caballero de buena presencia me paró en la Plaza de Armas, me preguntó mi apellido y me abrazó sincero para felicitarme por mis notas y entrevistas. Cuando la cosa se repitió unas diez veces decidí comprarme un terno y caminar más erguido. Lo mejor que recuerdo de esos días es la belleza de las mujeres que conocí con tal pretexto, y por ello cuento ésta como la tercera vez en que fui famoso. Es de esa época la fotografía usada en la cubierta de &#8220;Memoria del Vacío&#8221; porque parezco un Mastroiani andino (por periodista, no por lindo) en su dolce vita. </p>
<p>Varias aventuras me enviaron a USA y me trajeron a La Paz casado tres años antes de mis 30. Entre las cuatro camisas y los tres pantalones con que había experimentado la década de los 60 traje unas hojas de papel periódico que me siguieron durante mis correrías continentales y que, gracias a mi flamante esposa y a un buen amigo suyo, se transformaron en &#8220;Sombra de Exilio&#8221;, cuyo título no fue obra mía pero cuya trayectoria me dio fama a poco de haberse publicado en 1970. (Tiene una docena de ediciones legales y piratas; sigue vigente). Esta cuarta fama me abrió los consultorios de dentistas y los despachos de ministros, me hizo amigote del alma de gente que jamás viera antes y me dio las páginas de Ultima Hora y Presencia, donde escribí gratis con tanto entusiasmo que terminé preso primero y exilado después, de nuevo en Lima. El exilio duró poco porque Banzer duró menos y ese respiro me permitió publicar &#8220;El Apocalipsis de Antón&#8221;, del que los bolivianos no saben qué hacerse cuatro décadas después (los académicos dicen que es un disparate; los lectores entusiastas dicen lo contrario) y &#8220;Morder el Silencio&#8221;, publicado a toda prisa 15 días antes del golpe de García Mesa de 1980 y dos meses antes de mi exilio final, en USA.</p>
<p>Apenas toqué tierra en Nueva York me ofrecieron un empleo como periodista gracias a un caballero al que jamás llegué a conocer en persona y a mi fama boliviana, y salí del aeropuerto Kennedy vestido de embajador pero sin blanca. Un amigo me recogió, me hizo dormir sobre un escritorio y al día siguiente comencé a trabajar.  Un año después llegó mi familia, cuatro ángeles con caritas de manzana de Cochabamba, y al año me trasladaron a Washington. </p>
<p>Es la hora del café. Gracias por acompañarme. Sólo un solitario como yo puede apreciar en lo justo una compañía como la suya. Quiero apostar a que estará conmigo cuando yo vuelva. Poco falta ya de este breve tratado de la fama. </p>
<p>&#8212;&#8211;</p>
<p> Dos errores garrafales cometí al venir al paraíso del trabajador: creí dominar el idioma hasta el punto de poder escribir en inglés; además, vine viejo, bordeaba los 40 ya. De ese modo, y porque mi debilidad por este pespuntear sílabas es mi vicio, mi vocación y mi maldición, viví las tres décadas de este exilio en español. Escribo en inglés pero es un inglés &#8220;extranjero&#8221;. Aprendí que lo es después de haberme zampado 450 páginas en inglés durante dos años. Cuando vi que nada podría salvar ese mamotreto, me volví al español.</p>
<p>En mi momento, el Washington latino era el Far West. Sus millonarios eran cocineros, sus periódicos se regalaban porque no podían venderse y los directores de esos periódicos eran, en buen parte, delincuentes. Casi todos ignoraban la Ley porque la Ley los ignoraba a ellos. Todo valía, por tanto. Era el triunfo del lumpen. Cuando las masas migran, envían primero a los más burdos. ¿Debo decir que entre ellos me sentí como un lord inglés entre caníbales? Acostumbrado a vender un millón de dólares anuales en pasajes aéreos y tours mundiales, me vi de pronto compitiendo con personajes hediondos que prometían romperte una pierna si no les dabas media página. Tengo la vergüenza de recordar que dos de ellos eran bolivianos: uno terminó en la cárcel por violar a una menor de edad y el otro huyó de USA para refugiarse entre los torturadores políticos, la policía de Santa Cruz, Bolivia.</p>
<p>Aún así, mantuve durante dos años mi propio pasquín dedicado a enseñar inglés publicando textos en ambos idiomas lado a lado. VISTA se trasladó al Internet durante otros dos años antes de desaparecer. Comencé a escribir artículos del calibre de los que escribía para los bolivianos y en tres meses conquisté la fama en Washington, una quinta fama que me condujo al extraño episodio con el famoso chileno Alberto Donoso y me hizo renovar mi convencimiento de que Satán trabaja en mi contra en estos asuntos.</p>
<p>De paso por Washington, dicen que Donoso preguntó sobre los famosos locales y alguien le mencionó mi apellido. Con parientes en Bolivia, Donoso preguntó allá sobre mi fama y un viejo amigo mío y pariente suyo me envió una carta dándome estos pormenores. En la esperanza de que me ayudara a publicar en Chile, escribí a Donoso. Donoso me contestó una carta misteriosa que hoy figura en los archivos de la Universidad de Princeton, me la envió y se atrevió a morirse de inmediato, con lo que todo esto quedó en el limbo de los misterios impenetrables. </p>
<p>Ese episodio aparece en mi &#8220;Memoria del Vacío&#8221; con más detalle pero forma parte de mi fama washingtoniana. Fama que se fue diluyendo porque el ambiente de la prensa latina en Washington se hizo irrespirable. Abandoné, pues, esas notas y me volví a mis comentarios sobre Bolivia que, publicados en diversos sitios de la Web, me dieron una sexta fama no sólo en Bolivia sino en el Continente, por lo menos. Así, conquisté mi segunda fama boliviana y fui durante 15 meses &#8220;el comentarista más comentado de Bolivia&#8221;. Esa fama no pudo durarme mucho porque, siendo realmente independiente, apoyé mientras pude a Evo Morales pero le critiqué un par de veces, con lo que me quedé otra vez sin tener donde publicar mis elucubraciones. </p>
<p>Incapaz de dejar de pespuntear sílabas, me dediqué a hacer libros porque para entonces el Internet ofrecía chances de venderlos mediante la librería más grande del mundo, amazon.com, que ya ofrecía &#8220;Biting Silence&#8221; en sus dos ediciones, mi &#8220;Morder el Silencio&#8221; en inglés. </p>
<p>Dos años más tarde, el Internet y las librerías del mundo ofrecían mis libros en papel o digitales, una docena o algo así, al orbe todo. </p>
<p>¿Dice usted que eso debería llamarse éxito? ¡Pobre de mí! Recién entonces descubrí el Muro del Millón de Dólares. Pero esta historia merece otro café, por lo menos. Voy a estirar las piernas. Vaya, vaya, haga usted lo mismo, pero no se me pierda, ¿eh?</p>
<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-   </p>
<p> Cuando digo &#8220;hacer libros&#8221; lo digo literalmente. &#8220;Anular&#8221;, &#8220;Memoria&#8221;, &#8220;Evo 1&#8243; y &#8220;Evo 2&#8243;, además de otros varios, fueron escritos, compuestos, digitalizados y publicados por su autor, que también les hizo las cubiertas. Para lograrlo tuve que aprender a manejar las computadoras y los programas del caso, pero no fue problema porque sucede que me encantan esos chiches. Hoy mis libros aparecen apenas pide usted a Google datos sobre &#8220;Arturo von Vacano&#8221; y entre otros 9.000 y pico de datos sobre el suscrito, cifra en la que ni yo puedo creer del todo. O sea que, esté donde esté en el mundo civilizado, mi lector sólo necesita dos minutos y una tarjeta de crédito. Mis libros están literalmente al alcance de sus dedos. </p>
<p>Esa, la teoría. La realidad es un poco más dura. Es una realidad alterada por el Internet también, de modo que el mismo monstruo me dio y me negó el éxito al hacer posibles mis libros. </p>
<p>El Internet ha transformado el mundo hasta amenazar seriamente la continuidad de uno de los milagros tecnológicos más útiles y casi perfecto, el libro tal y como se lo conoce desde Gutenberg. </p>
<p>Lo hizo porque hoy el mundo del libro y sus derivados no es ya de autores y lectores sino uno hecho casi sólo de autores. Esto es, el Internet nos  ha dado miles de millones de autores que ofrecen sus textos y sus libros usando los mismos medios que uso yo, el libro digital y las librerías universales. El resultado son los millones de libros que se ofrecen en el Internet, la gran mayoría de los cuales se quedan sin lectores que los compren porque ya nadie lee; todos escribimos. Bien o mal, todos escribimos. </p>
<p>Esta es sin duda la expresión más brutal de la democracia a niveles universales. Quienes no leen pero encontraron en los blogs un modo fácil de escribir sin pensar en lo que dicen han inundado de blogs el Internet. Con los blogs y con los libros, la relación entre calidad y cantidad es la misma que siempre se ha dado: por un millón de mediocres se da un escritor de talento. </p>
<p>Pero, como todos escribimos y publicamos sin preocuparnos de leer, la calidad universal de la literatura ha descendido a niveles suicidas. Hoy, un lector experimentado, un lector que ha refinado su gusto leyendo, se encuentra ante un océano de libros sin poder enterarse sobre la calidad de los mismos porque no existen muchos críticos respetados y porque tales críticos han sido reemplazados por la propaganda y la publicidad. </p>
<p>Si es usted aficionado a los libros hasta hacerse de su biblioteca propia grande o pequeña, sabe de lo que hablo. Todos los años le ofrecen maravillas literarias que dejan diminutos a los Grandes de la Literatura Universal por un instante pero pasan al olvido poco después para dejar el campo a nuevos genios instantáneos pero falsos. </p>
<p>Es ante este Muro del Millón de Dólares que todos mis esfuerzos han venido a estrellarse, y me ha vencido. No tengo un millón de dólares para gastarlos en publicidad para mis libros. </p>
<p>Un best-seller  es, como todos sabemos, un escritor mediocre apoyado por un millón de dólares gastados en publicidad. O por diez millones. Todo depende del editor, que es un conglomerado internacional cuyo mejor interés puede consistir en vender basura al mundo para &#8220;educarlo&#8221; y enseñarle a gustar de esa basura. Lo que digo no es nada nuevo. En cada país civilizado hay un grupo de gente educada que viene quejándose de lo mismo, la &#8220;nueva&#8221; literatura de masas que es basura intelectual.</p>
<p>La situación es tal que la industria mundial del libro está en agonía. El libro muere porque no podemos hallar los buenos libros y casi nadie compra libros. El editor pequeño, dedicado al arte de la literatura, desapareció hace décadas. Los editores grandes a nivel mundial, cuatro o cinco, hacen lo que los chinos: inundan el mercado de basura. Hoy, todos usamos las mismas corbatas horribles y los mismos calzoncillos amplios &#8220;made in China&#8221;. Sólo los millonarios visten y, tal vez, leen como &#8220;gente&#8221;. </p>
<p>Para quienes dedicaron su vida quieras que no a escribir, esta es una situación ferozmente injusta porque no permite competencia alguna. </p>
<p>Es horrendo saber que puedo morir cualquier día de estos sin ganar mi batalla por hacerme &#8220;famoso y rico&#8221; sólo porque Dios no quiso darme un millón de dólares para mostrar al mundo que soy un escritor (aunque jamás hubo una crítica negativa contra mis libros). </p>
<p>Pero aún me queda un naipe: maldigo al Sistema por la izquierda y tuerzo la boca por la derecha para rogar a mi amable lector que desperdicie unos billetes para &#8220;descubrirme&#8221; en su librería más cercana para compartir o combatir mis ideas como se hacía en el mundo civilizado. En este mundo nuevo, mi medio siglo de esfuerzos me ha reducido a esto: a mendigar su atención tal y como lo hace el millón de blogs obra de analfabetos o el billón de sitios porno que hacen nuestra cultura del Nuevo Milenio. Como decía el tango del siglo XX: &#8220;todo es igual, nada es mejor; lo mismo un burro que un gran profesor.&#8221;</p>
<p>Buenos días le de Dios, y muchas gracias. </p>
<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-</p>
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		<title>Comment on Libro clásico ahora por entregas virtuales by Joel</title>
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		<dc:creator>Joel</dc:creator>
		<pubDate>Wed, 03 Dec 2008 07:00:17 +0000</pubDate>
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		<description>Goethe y sus excelentes obras</description>
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		<title>Comment on LibriVox: audiolibros gratis de dominio público by jonathan</title>
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		<dc:creator>jonathan</dc:creator>
		<pubDate>Sat, 22 Nov 2008 03:39:15 +0000</pubDate>
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		<description>gracias por donal esos libros que ayudan el desarrollo de nuestra nacion</description>
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