Libros electronicos


Se requiere de un clic mental…

 

“El procesamiento electrónico de la palabra nos hizo

Ingresar a un nuevo mundo de distinciones y de

operaciones cognitivas generando un espacio psíquico

inconmensurable con la cultura del libro.”

(Piscitelli, 2002, p. 120)

 

 

 

 

La comprensión de las nuevas tecnologías es además de un proceso técnico, uno de carácter psicológico. Centrándose en los libros electrónicos, que es el tema que compete en este espacio, es posible visualizar las transformaciones que se empiezan a desarrollar en torno a la concepción del libro en la actualidad.

 

El libro ha sido y seguirá siendo parte fundamental en la construcción de la cultura, en él se ha escrito para conservar conocimiento – información durante siglos. Con la evolución de las nuevas tecnologías, se ha visto afectado el soporte tradicional (papel), teniendo hoy en día la posibilidad de ser digital y poderse leer desde objetos diferentes al libro (los ya mencionados lectores de libros electrónicos, celulares, iPhone, internet tablet’s, entre otros).

 

Es interesante estar presente en este momento, tiempo en el cual se lee a diario en periódicos y revistas, la rapidez con la que avanza el libro electrónico. Empresas dedicadas a digitalizar libros, ofrecerlos gratis, otros venderlos e incluso inventar dispositivos lectores de los mismos.

 

Lo anterior se refiere más a la evolución técnica que ha sufrido el libro electrónico, pero lo que respecta a este post, es lo concerniente a la transformación que está empezando a realizarse en la cabeza del ser humano:

 

“Algo es indudable: la tecnología del libro está íntimamente asociada a un determinado movimiento del alma (psyché). La mente como psyché engloba al pensamiento/emoción, la fuerza vital que se fusiona con el mecanismo. La complejidad y la multidimensionalidad de las tecnologías escriturales sólo se aprecian cuando la psyché se pone en movimiento en la interfaz: un determinado encuadre psíquico se despliega cuando escribimos en un tipo específico de elemento y no en otro. Cierta expresividad se efectiviza cuando la interacción con la herramienta adopta una u otra forma” (Piscitelli, 2002, p. 117).

 

Con la invención del texto electrónico, se crearon diferentes formas de manejar el texto: darle formato (centrarlo, ponerle negrita, justificarlo, cambiarle el color, etc.) y controlar las viudas y huérfanas; por otro lado, se crean las opciones de mover el cursor, diseñar y programar menús, construir bases de datos, conectar información a través de hipertextos; entre otras posibilidades. Éstas son características que el texto escrito sobre papel no ofrece, y si las permite, requieren de mucho más tiempo y necesita volverse a escribir el texto sobre otro papel.

 

 

Posibilidades como las ya mencionadas y sumándoles las más recientes (multimedia, papel y tinta electrónica), hacen que algunos hombres se resistan a la nueva propuesta, y otros a pesar de sentir miedo, se abran ante el novedoso invento, lo acojan y terminen defendiéndolo.

Ese panorama es el que se vive en la actualidad, se observan personas enamoradas del olor y la textura del papel, que se oponen al soporte digital; y visionarios enamorados de los bits que quieren asumir el cambio y mostrar a otros las ventajas.

 

No es, desde luego, el primer cambio de este tipo en nuestra larga historia. En tiempos de Sócrates, en la Grecia antigua, varios siglos después de Homero, la cultura oral predominante fue superada por la tecnología de la escritura. En Europa tuvo lugar otra transición esencial a finales del siglo XV, tras la invención por Gutenberg del tipo de impresión móvil. En ambos casos los efectos a largo plazo en la sociedad fueron definitivos, como la serán para nosotros los años venideros. (Birkerts, 1999, p. 157)

 

Entonces cuando se habla de la llegada de una nueva tecnología, no sólo se requiere de la implementación técnica, sino que se necesita de una asimilación más compleja, como lo es el entendimiento mental por parte del hombre.

 

Al hablarse del libro electrónico, es inevitable recibir resistencia, miedo, incredulidad por parte de los lectores de libros. Por tal razón, es que “se requiere de un clic mental”, uno capaz de alejar un poco al hombre de la forma tradicional de lectura y escritura, para de esta forma poder comprender las nuevas propuestas.

 

Productos basados en la no linealidad, en los que tanto el libro, el autor y el lector proponen caminos de lectura, que están en la capacidad de modificar, agregar o suprimir lo que se desee del texto. Cabe aclarar que no se habla sólo de texto escrito, sino que en muchos casos se tiene audio, video, animaciones, imágenes e interactividad. Estas nuevas posibilidades son las que generan el clic mental en las personas, que sólo se logra cuando el hombre se enfrenta directamente a ella.

 

Para terminar, están los desarrollos que según Sven Birkerts, quizá puedan observarse a medida que la época protoelectrónica se despliega hacia un futuro totalmente electrónico:

 

1.     La degradación del lenguaje. No existe duda alguna de que la transición de la cultura del libro a la cultura de la comunicación electrónica alterará radicalmente los modos de uso del lenguaje en todos los niveles sociales. La complejidad y los matices de la expresión hablada y escrita, profundamente vinculadas a las tradiciones de la alfabetización, serán sustituidas gradualmente por una forma más telegráfica de lenguaje, sin complicaciones. (Birkerts, 1999, p.169).

 

2.     La homogenización de las perspectivas históricas. A medida que los circuitos sustituyen a la página impresa y a medida que nuestras comunicaciones se realizan cada vez más a través de la red –red que por su propia naturaleza nos instala en un presente perpetuo-, la Historia se verá inevitablemente modificada. Los cambios en el acceso y almacenamiento de la información están llamados a sacudir nuestra memoria histórica. La profundidad del campo que constituye nuestro sentido del pasado no es sólo una construcción lingüística, sino que en cierta forma esencial queda simbolizada por el libro, y por la acumulación física de los libros en los espacios de las bibliotecas. (Birkerts, 1999, p.170)

 

3.     La pérdida del yo privado. (…) aceptamos cada vez más la transparencia de una vida que se vive en un conjunto de sistemas, sean electrónicos o no. (…) El monitor siempre centellea; potencialmente, siempre estamos <<en línea>>. (…) cambiará profundamente la idea de lo que significa ser una persona que vive su vida.

El yo deberá cambiar a medida que lo haga la naturaleza del espacio subjetivo. Una de las muchas transformaciones graduales de nuestra época ha sido la lenta pero constante destrucción del espacio subjetivo. Por lo menos desde hace un siglo se ha estado acortando la distancia física y psicológica entre los individuos. (Birkerts, 1999, p.171)

 

 

“(…) En realidad nadie puede predecir la forma en que nos adaptaremos a las transformaciones que se suceden a nuestro alrededor. Puede que además descubramos que el lenguaje es más fuerte de lo que hemos supuesto. Puede que crezca entre los zumbidos y clics y monitores de los ordenadores, tan fácilmente como lo ha hecho en la página impresa. Así lo espero, pues el lenguaje es la capa de ozono del alma; y su adelgazamiento nos pone en peligro.” (Birkerts, 1999, p. 174)

 

 

 

 


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