Libros electronicos


Libro impreso VS libro electrónico

Todo libro independiente del tipo del que se trate,
tiene principalmente dos finalidades: almacenar
la información que se quiere conservar,
ya sea para que un grupo de personas,
los autores puedan comunicarse con otro
grupo, los lectores.
(Díaz , P.; Catenazzi N. y Aedo I., 1996, p. 103)

Escribir un texto que enfrente el libro impreso y el libro electrónico no busca poner uno por encima del otro, sino simplemente dar a conocer las ventajas y falencias de cada soporte. Vale la pena mencionar una vez más, que el libro electrónico no hará desaparecer el libro tradicional, o  por lo menos, no por ahora. 

Por otro lado, es importante tener presente la relevancia de la cultura del libro impreso y su permanencia en el tiempo. Gran trayectoria que ha marcado en la sociedad formas de interpretar el mundo, hacer perdurar conocimiento, proporcionar formas de comunicarse siguiendo pautas de lectura y escritura, entre otras ventajas. 

Tal vez la razón principal por la que aún hoy en día el libro electrónico no es bien recibido o es mirado con desconfianza, son las características novedosas de lectura y escritura con las que cuenta, incapaces de ser concebidas en la cultura del libro tradicional. Se habla de narrativa no lineal, basada en hipertexto, audio, video, imagen, animación e interactividad.  

Antes de empezar con las similitudes y diferencias de cada soporte (libro electrónico y libro impreso), se tienen las descripciones generales de cada uno: 

(…) un texto escrito puede caracterizarse a la vez como un objeto físico y como una unidad lingüística. Como objeto material, tradicionalmente está hecho de papel y tinta, con páginas de igual tamaño, de dimensiones muy variables y con contenidos también variados. De la misma manera, los textos electrónicos son muy diversos en esos mismos aspectos, aunque su soporte físico es, en esencia, las diferencias de voltaje codificables en términos de ceros y unos (bits) que agrupados forman bytes de información, campos, registros y archivos guardados en dispositivos electrónicos variados (discos duros, CD-ROM, memorias USB, etcétera) (Vaca y Hernández, 2006, p.108)

Para las semejanzas y diferencias se tuvieron en cuenta el “Texto textos en papel vs. texto electrónicos: ¿nuevas lecturas?” de Jorge Vaca y Denise Hernández; y el libro “De la multimedia a la hipermedia” de Díaz , P.; Catenazzi N. y Aedo I. 

Semejanzas:  

·         Escritos según normas del lenguaje: independientemente del idioma en el que estén escritos, su contenido está formado por grafos con una lógica y códigos ya establecidos por el lenguaje.  En el caso de libros electrónicos textuales, que son la digitalización de impresos, se ve claramente esta semejanza, ya que sólo cambia el soporte (de papel a digital).

·         Son hipertextuales: a pesar del libro electrónico tener hipertextos más reales, en la medida en que es posible acceder a la fuente con inmediatez, los libros tradicionales hacen referencias a otras obras, comúnmente a través de los pies de páginas y bibliografías.

·         Poseen complementos icónicos: los dos tipos de libros, pueden estar acompañados de imágenes, fotografías, íconos, tablas, cuadros, etc.

·         Presentan diferencias dependiendo del texto: tanto el texto impreso como el electrónico dependiendo del carácter de la publicación, cambian su estructura, contenido, etc., para hacerlo usable y legible.

Diferencias: 

·         Velocidad de transmisión: el libro electrónico puede ser transferido de un lugar a otro con inmediatez, claro está que puede hacerse siempre y cuando se cuente con el hardware necesario y conexión a Internet. Mientras que el libro convencional, requiere de su traslado físico, haciendo más lento el proceso, aunque no necesita de elementos adicionales, como el computador.

·         Accesibilidad a mucha información: con los medios electrónicos la transferencia de gran cantidad de información se hizo más fácil y ágil. Por tal razón, es que un libro electrónico puede contener más información y la posibilidad de acceder a datos externos. Mientras que el libro impreso funciona bajo la ecuación “a mayor contenido, mayor número de hojas y peso”.

·         Alcance a la distribución: mientras el libro electrónico cuenta con facilidad de distribución a través de la red, haciendo el proceso más rápido y a un menor precio; el libro impreso es costoso debido al proceso de producción, comercialización y distribución. Necesita de maquinaria para armar el libro, personas que los trasladen de un lugar a otro, librerías y libreros que los comercialicen.

·         Transportabilidad: “Un libro de papel, en cambio, es fácilmente manejable, mientras que la transportación de uno electrónico está todavía restringida y sujeta a contingencias como la disponibilidad de energía eléctrica o la duración de la batería, la disponibilidad de Internet inalámbrico y, por supuesto, el acceso a una computadora portátil, entre otras cosas.” (Vaca y Hernández, 2006, p.118) 

·         Calidad: debido a la masificación de Internet los textos electrónicos son libres, permitiendo que cualquier persona pueda escribir, subir la información a la red y ponerla a disposición del mundo. No existen editores de la red, por tal razón, es que la mayoría de información que se encuentra en formato digital es de baja calidad. Sin embargo, el que un texto esté escrito sobre papel y encuadernado dentro de un libro, no significa que sea de alta calidad, pero sí es más controlado y cuidadoso el proceso que realiza un editor antes de lanzar un libro impreso al mercado.

 ·         Costo: este punto suele tender de inmediato a pensar que el libro electrónico es más económico que el libro impreso, y puede que sea cierto. Pero es importante recordar que hacer un libro electrónico requiere de compra de software, hardware, mantenimiento de redes, control de virus, etc. ¿cuál será realmente más costoso de hacer?

·         Textos multimedia: a diferencia del texto impreso, que sólo puede estar constituido de caracteres e imágenes, el libro electrónico permite video, imagen, animación, sonido, entre otras opciones.

·         Manipulación del contenido: mientras se lee un libro impreso es posible hacer anotaciones en los márgenes más fácilmente que en un libro electrónico, aunque los dispositivos lectores de éstos, ahora permiten hacer anotaciones. Por otro lado, los textos electrónicos permiten manipular su contenido, en la medida en que se puede copiar, pegar, borrar y cambiar como se desee; además de encontrar rápidamente palabras específicas dentro del texto.

Después de haber descrito las diferencias y semejanzas existentes entre el libro impreso y el libro electrónico, es posible reafirmar que en la actualidad se está viviendo una alfabetización de carácter tecnológico, en la que el hombre debe aprender a leer y escribir de forma no lineal. De esta forma el libro electrónico podrá empezar a ser visto por más personas como un objeto interesante, con más ventajas que peros. 

 “Hoy, en pleno siglo XXI, millones de personas en el mundo no han sido alfabetizadas (a secas) y esto abre una brecha entre quienes tienen acceso a la información de materiales impresos y quienes no la tienen. Con el desarrollo tecnológico se abre otra brecha, que tiende a fragmentar nuevamente a la población: están los que pueden vivir en el ciberespacio de la información y existen otros que ni siquiera saben que existe o que no lo pueden hacer.” (Vaca y Hernández, 2006, p.125) 


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Unos apuntes:

– Sobre el tema de la calidad, como siempre, es discutible al tratarse de algo subjetivo. Por muchos controles que haya, en papel se sigue publicando mucha basura. Y en cuanto a internet… Bueno, en mi caso concreto, prácticamente todo lo que leo en mi PDA es material publicado en internet de forma gratuita y altruista: discusiones en foros, páginas, bitácoras…

¿Cómo es la calidad del material que leo? Pues a veces excelente, a veces muy buena, a veces pasable y a veces deleznable. En el caso de las bitácoras por ejemplo, yo como casi todo el mundo, estoy enganchado a varias bitácoras que sigo regularmente, es decir, he encontrado mis propias “editoriales” que “publican” regularmente material que yo considero que merece la pena leer y que en la inmensa mayoría de los casos no me decepciona (lo cual es el equivalente a comprar todo lo que publica tu escritor preferido). En ese sentido, para mí, los bites le ganan al papel porque soy yo el que busca y decide qué merece la pena ser “publicado” en mi PDA.

– Sobre el costo, creo que no tienes razón en que haya de dudar cuál es más económico: rotundamente un libro electrónico es mucho más barato que un libro en papel. Sobre el coste del ordenador, software y etc, estás asumiendo que ese ordenador se va a dedicar en exclusiva a escribir libros, lo cual es falso para la inmensa mayoría de escritores, de la misma forma que alguien que se compra un coche para ir al trabajo luego lo utiliza también para ir a hacer la compra, para desplazarse el fin de semana, ir de vacaciones…

Por otro lado, un ordenador portátil nuevo, con su sistema operativo Windows, puede comprarse en España por menos de 500 euros. Ese ordenador ya viene con su sistema operativo configurado, y en él se puede escribir una novela usando el Wordpad (puede que no sea lo ideal pero puede hacerse, incluso podría usarse el bloc de notas). Si el escritor lo desea, por otros 50 euros estoy seguro de que le pueden instalar OpenOffice (gratuito), configurar el correo electrónico e Internet en el ordenador, aunque en mi opinión y dado que no lo va a usar en exclusiva para escribir, no se debería computar por completo. Es decir, con unos 550 euros uno ya tiene todo lo que necesita para escribir y publicar un libro en Internet.

Si se venden 550 ejemplares (por redondear), el coste de producción por cada libro es de 1 euro (excluyo la electricidad que consuma el ordenador, por simplificar), coste que “paga” el autor. Usando medios tradicionales, ¿cuánto cuesta producir ese libro en papel? Sólo un euro me parece poco, así de entrada yo diría que cuesta algo más el papel y la impresión del libro así como llevarlo a la estantería de la librería de la esquina. Pero es que además:

a)- Ese coste lo “paga” la editorial.

b)- El autor igualmente se va a comprar un ordenador para escribir, por lo que de nuevo está gastando los 550 euros de los que hablo más arriba, sea el libro para publicación en papel o electrónica. No hay ahorro de ningún tipo.

c)- Si el autor es Pérez-Reverte y vende 550.000 copias de su libro, los costes de la publicación electrónica son 550/550.000= 0.1 céntimos de euro por unidad. En el caso del papel, si el libro era de 200 páginas, siguen siendo 200 páginas a imprimir por libro, y sigues teniendo que transportarlos a librerías. Por economía de escala te saldrá algo más barato, pero no mucho.

d)- Si el autor es Cesar Vidal y escribe una novela cada 15 días, el ordenador con el que escribe sigue siendo el mismo para todos los libros, por lo que el coste unitario por libro electrónico vendido todavía baja más.

– Una diferencia que no mencionas: las búsquedas. Cuando quieres buscar un trozo de texto (“recuerdo haber leído algo en uno de mis lbros sobre la cría del berberecho salvaje en cautividad…”) es mucho más fácil hacer un par de clics y dejar que el ordenador trabaje que andar mirando cientos de páginas de varias docenas de libros porque recuerdas haber leído algo pero no sabes siquiera en qué libro.

He dejado para el final el siguiente texto que quería comentar, pues está relacionado en parte con las diferencias entre bites y papel:

“Tal vez la razón principal por la que aún hoy en día el libro electrónico no es bien recibido o es mirado con desconfianza, son las características novedosas de lectura y escritura con las que cuenta”

En mi caso concreto y mientras no cambien las reglas del juego editorial que se dan (o que se espera que se den) en este momento, seguiré mirando con desconfianza el libro electrónico (entendiendo como “libro electrónico” aquel publicado por las editoriales para ganar dinero) por una diferencia fundamental que se da entre el libro de papel y el electrónico: la libertad.

Cuando uno compra un libro de papel uno es libre de leerlo siempre que quiera (o no), de llevarlo a donde quiera (o no), de prestarlo (o no), de escribir sobre él (o no), de sacar cuántas copias quiera (o no). En el formato electrónico todo eso desaparece. Se acabó la libertad de elección, ahora es la editorial quien decide si dentro de dos meses podrás seguir leyendo el fichero, decide que puedes leerlo en tu PC pero a lo mejor no en tu PDA, decide que para leer el libro tienes que usar el programa A pero no puede usar el B (que es el más te gusta), decide que no puedes “prestárselo” a nadie, decide si puedes añadirle notas, decide si puedes o no puedes “copiar” (copy y paste, evidentemente sí podrías mecanografiar el contenido) fragmentos en otro documento…

Si me pongo en el lugar de la editorial me parece una postura entendible. Al final, alguien se ha gastado dinero en hacer un producto con el que espera cierto retorno de inversión más un honesto margen comercial. No debe hacer gracia que se venda una copia para que, a continuación, ese comprador distribuya el fichero a todo lo largo de internet gratuitamente, de ahí los medios anticopia y limitaciones de derechos de lectura. Pero como no soy una editorial mi postura es la del lector, y como tal me parece muy mal que alguien venga a limitarme mis derechos, unos derechos de los que en este momento ya disfruto. Como he escrito, en mi caso es muy difícil que no mire al libro electrónico con desconfianza, y será muy difícil que pase por el aro de comprar libros en esas condiciones. Conozco a más gente que opina como yo, no mucha, pero la hay.

Comment by kalsby

hola que tal, mira soy diseñadora grafica y actualmente trabajo en un grupo editorial que desarrolla semestralmente uns revista de ventas y q ademas trae algunos textos informativos y de actualidad. Desgraciadamente buscan que sea “todologo” y ademas de diseñar escriba los articulos, la vdd eso no es lo mio, y buscando algunas cosas en la red encontre tu nota y me interesaria mucho poder incluirla en la revista. Sinceramente no hay remuneracion por que te repito, en teoria yo deberia escribirlo, pero como no soy escritora y si aceptas colaborar conmigo pondria obviamente tus datos, nombre, blog, etc junto al articulo como referencia.

¿que opinas? espero contar contigo.

Comment by bere

El siguiente es mi comentario:

El Muro del Millón de Dólares

Arturo von Vacano

Poniéndome la mano al pecho quiero prometerle que no intentaría escribir estas líneas si no es porque tengo deuda con vivos y muertos y la arena del tiempo ya se me agota.

Detesto escribir esta historia, principalmente porque la he escrito en diez o doce versiones y porque tiene como tema mi humilde persona. Mis acreedores pululan hoy por las páginas de mis libros y son los personajes que hicieron mis 70 años, mis 25.550 días. Deberá creerme usted si le digo que construí esta mi vida sobre la de esas sombras y esos fantasmas, a los que prometí en silencio solemne y en días de inocencia infantil que los preservaría del olvido; pero así no ha sido y por eso abuso este instante de su paciencia, amable lector.

Apostaría a que usted también ha sido víctima de esa broma divina que consiste en dar a cada quien todo lo que necesita menos aquello que puede hacerle feliz. Como decía Pascal, “si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes”. Eso fue lo que hice yo, y aquí me halla usted ahora, aplastado por Su divina carcajada de 14 lustros e incapaz de morir en calma porque nunca cumplí la promesa hecha a fantasmas y sombras con el Númen como testigo.

Claro que no lo dije con tantas palabras. Simplemente pensé en mis futuros personajes y sombras y en los líos en los que los sorprendería para escribir mis libros y juré ante las estrellas: “Seré rico y famoso. ¡Vive Dios que si: seré famoso y rico!”

A duras penas cumplí la mitad (cinco veces) y fracasé tontamente en cuanto la otra mitad: de rico no tengo dos centavos pero de famoso algo tengo. Aceptaría las cosas como están antes de comprar mi abrigo de caoba, pero sucede que cometí un error craso aunque involuntario.

Soy incapaz de inventar el más tonto personaje o la sombra menos interesante. Para hilvanar mis páginas no me quedó por eso otra que apelar a ese cuentista famoso que no exige derechos de autor, la realidad tal como la vivimos usted y yo. De ella saqué mis víctimas y mis verdugos, las gentes sobre las que escribí durante las horas más felices de mi paso por este valle de lágrimas. ¡Ah, si las hubiera inventado en lugar de robármelas de la realidad, esa realidad tan real, con cuánta tranquilidad dormiría hoy mis siestas de anciano! Pero no: apenas cierro un ojo las descubro deslizándose hacia mí para reclamar lo suyo y gritar mi deuda hasta forzarme a obedecerles y plantarme una vez más ante estas teclas que, ¿va a creerlo usted? por eso se me hacen odiosas a pesar de haberlas amado desde los cinco años, apenas renunciara al babero.

Cuando escribí la primera versión no tomé nada muy en serio. Creía por entonces que estaba promoviendo mi obra para satisfacer mi ego y mi billetera. Tampoco tenía por entonces mucho que contar, de modo que la historia era corta todavía. Pero ahora es larga; no mucho, pero larga. Tan larga que me disculpo ahora mismo ante usted del modo más abyecto y me voy a tomar un café intimándole a hacer lo mismo. Cuando vuelva, si vuelvo, continuaré con esta historia. Sólo quisiera rogarle que retorne usted también porque sin usted todo estará perdido.

——

Como decía ayer, de famas y renombres algo hay en mi experiencia. Pues que es tan temprano todavía, déjeme tomarme unos minutos para anotar estos recuerdos. Todo buen juez debe escuchar cada caso completo para emitir opinión que redunde en honor de la especie. (No se me ocurre otro pretexto).

Dicen que los dioses eligen jóvenes a quienes quieren destruir. Esto es, les dan fama cuando son verdes, inmaduros, porque la fama prematura mata o poco menos. Juzgue usted mi caso, pues.

El primer texto que escribí para publicarlo apareció en un periódico hecho a mano y llamado “El Acre” porque de allí venía el artista singular que lo hacía. Era un periodiquín en miniatura bello como una flor cuyos dibujos y textos eran trazados, rasgo tras rasgo y letra tras letra, por la mano izquierda del escolar ese en un solo ejemplar que circulaba entre los 1.000 párvulos de nuestra escuela privilegiada. Dije allí con humor y sorna que por no cumplir con mis deberes cotidianos recibía yo un soplamocos diario que amenazaba con desquiciarme los sesos. Sugerí algún método educacional diferente y menos brusco. La idea provocó un escándalo enorme y una amenaza de expulsión inmediata a menos que negara lo que dije allí. Lo negué pues, ignorante como era de la libertad de prensa y la censura. No me expulsaron y fui famoso por vez primera. Después del susto, la experiencia fue grata.

La segunda ocasión sucedió dos años después, cuando faltaban días para mi graduación secundaria. “Nuestros Profesores” se llamó la nota publicada en nuestra revista de bachilleres para demostrar que en algo había cambiado mi opinión sobre las cachetadas didácticas. Pasó por las aulas sin mayor bulla pero fue a parar al único matutino nacional, El Diario, que publicó cada línea tras aplaudir a su autor. Imagine usted al mequetrefe de pantalón corto agradeciendo los aplausos del zapatero, el médico, los vendedores de frutas y el heladero con los que se cruzaba cada medio día. Papá y Mamá, en cambio, chitón, agüero malo del que no supe tomar nota.

Habrían de pasar dos décadas antes de que mi pluma agraciara la prensa boliviana otra vez. No porque no lo buscara yo, sino porque no existía casi la prensa boliviana. Además de El Diario, repulsivo pasquín politiquero, estaba por nacer una Presencia que sería católica hasta morir cuando mis hijos fueran adolescentes y Ultima Hora, un vespertino para el que luego escribiría yo gratis durante años, pero ese fue un hiato largo.

Dos años después de mi debut en El Diario me exilé voluntariamente porque mis chances de hacerme periodista en Bolivia eran un cero absoluto y terminé en Lima después de una accidentada travesía sobre el Atacama. Tras diversas aventuras conseguí un cargo de reportero y lo demás fue fácil.

En cinco años alcancé el día en que un caballero de buena presencia me paró en la Plaza de Armas, me preguntó mi apellido y me abrazó sincero para felicitarme por mis notas y entrevistas. Cuando la cosa se repitió unas diez veces decidí comprarme un terno y caminar más erguido. Lo mejor que recuerdo de esos días es la belleza de las mujeres que conocí con tal pretexto, y por ello cuento ésta como la tercera vez en que fui famoso. Es de esa época la fotografía usada en la cubierta de “Memoria del Vacío” porque parezco un Mastroiani andino (por periodista, no por lindo) en su dolce vita.

Varias aventuras me enviaron a USA y me trajeron a La Paz casado tres años antes de mis 30. Entre las cuatro camisas y los tres pantalones con que había experimentado la década de los 60 traje unas hojas de papel periódico que me siguieron durante mis correrías continentales y que, gracias a mi flamante esposa y a un buen amigo suyo, se transformaron en “Sombra de Exilio”, cuyo título no fue obra mía pero cuya trayectoria me dio fama a poco de haberse publicado en 1970. (Tiene una docena de ediciones legales y piratas; sigue vigente). Esta cuarta fama me abrió los consultorios de dentistas y los despachos de ministros, me hizo amigote del alma de gente que jamás viera antes y me dio las páginas de Ultima Hora y Presencia, donde escribí gratis con tanto entusiasmo que terminé preso primero y exilado después, de nuevo en Lima. El exilio duró poco porque Banzer duró menos y ese respiro me permitió publicar “El Apocalipsis de Antón”, del que los bolivianos no saben qué hacerse cuatro décadas después (los académicos dicen que es un disparate; los lectores entusiastas dicen lo contrario) y “Morder el Silencio”, publicado a toda prisa 15 días antes del golpe de García Mesa de 1980 y dos meses antes de mi exilio final, en USA.

Apenas toqué tierra en Nueva York me ofrecieron un empleo como periodista gracias a un caballero al que jamás llegué a conocer en persona y a mi fama boliviana, y salí del aeropuerto Kennedy vestido de embajador pero sin blanca. Un amigo me recogió, me hizo dormir sobre un escritorio y al día siguiente comencé a trabajar. Un año después llegó mi familia, cuatro ángeles con caritas de manzana de Cochabamba, y al año me trasladaron a Washington.

Es la hora del café. Gracias por acompañarme. Sólo un solitario como yo puede apreciar en lo justo una compañía como la suya. Quiero apostar a que estará conmigo cuando yo vuelva. Poco falta ya de este breve tratado de la fama.

—–

Dos errores garrafales cometí al venir al paraíso del trabajador: creí dominar el idioma hasta el punto de poder escribir en inglés; además, vine viejo, bordeaba los 40 ya. De ese modo, y porque mi debilidad por este pespuntear sílabas es mi vicio, mi vocación y mi maldición, viví las tres décadas de este exilio en español. Escribo en inglés pero es un inglés “extranjero”. Aprendí que lo es después de haberme zampado 450 páginas en inglés durante dos años. Cuando vi que nada podría salvar ese mamotreto, me volví al español.

En mi momento, el Washington latino era el Far West. Sus millonarios eran cocineros, sus periódicos se regalaban porque no podían venderse y los directores de esos periódicos eran, en buen parte, delincuentes. Casi todos ignoraban la Ley porque la Ley los ignoraba a ellos. Todo valía, por tanto. Era el triunfo del lumpen. Cuando las masas migran, envían primero a los más burdos. ¿Debo decir que entre ellos me sentí como un lord inglés entre caníbales? Acostumbrado a vender un millón de dólares anuales en pasajes aéreos y tours mundiales, me vi de pronto compitiendo con personajes hediondos que prometían romperte una pierna si no les dabas media página. Tengo la vergüenza de recordar que dos de ellos eran bolivianos: uno terminó en la cárcel por violar a una menor de edad y el otro huyó de USA para refugiarse entre los torturadores políticos, la policía de Santa Cruz, Bolivia.

Aún así, mantuve durante dos años mi propio pasquín dedicado a enseñar inglés publicando textos en ambos idiomas lado a lado. VISTA se trasladó al Internet durante otros dos años antes de desaparecer. Comencé a escribir artículos del calibre de los que escribía para los bolivianos y en tres meses conquisté la fama en Washington, una quinta fama que me condujo al extraño episodio con el famoso chileno Alberto Donoso y me hizo renovar mi convencimiento de que Satán trabaja en mi contra en estos asuntos.

De paso por Washington, dicen que Donoso preguntó sobre los famosos locales y alguien le mencionó mi apellido. Con parientes en Bolivia, Donoso preguntó allá sobre mi fama y un viejo amigo mío y pariente suyo me envió una carta dándome estos pormenores. En la esperanza de que me ayudara a publicar en Chile, escribí a Donoso. Donoso me contestó una carta misteriosa que hoy figura en los archivos de la Universidad de Princeton, me la envió y se atrevió a morirse de inmediato, con lo que todo esto quedó en el limbo de los misterios impenetrables.

Ese episodio aparece en mi “Memoria del Vacío” con más detalle pero forma parte de mi fama washingtoniana. Fama que se fue diluyendo porque el ambiente de la prensa latina en Washington se hizo irrespirable. Abandoné, pues, esas notas y me volví a mis comentarios sobre Bolivia que, publicados en diversos sitios de la Web, me dieron una sexta fama no sólo en Bolivia sino en el Continente, por lo menos. Así, conquisté mi segunda fama boliviana y fui durante 15 meses “el comentarista más comentado de Bolivia”. Esa fama no pudo durarme mucho porque, siendo realmente independiente, apoyé mientras pude a Evo Morales pero le critiqué un par de veces, con lo que me quedé otra vez sin tener donde publicar mis elucubraciones.

Incapaz de dejar de pespuntear sílabas, me dediqué a hacer libros porque para entonces el Internet ofrecía chances de venderlos mediante la librería más grande del mundo, amazon.com, que ya ofrecía “Biting Silence” en sus dos ediciones, mi “Morder el Silencio” en inglés.

Dos años más tarde, el Internet y las librerías del mundo ofrecían mis libros en papel o digitales, una docena o algo así, al orbe todo.

¿Dice usted que eso debería llamarse éxito? ¡Pobre de mí! Recién entonces descubrí el Muro del Millón de Dólares. Pero esta historia merece otro café, por lo menos. Voy a estirar las piernas. Vaya, vaya, haga usted lo mismo, pero no se me pierda, ¿eh?

—————-

Cuando digo “hacer libros” lo digo literalmente. “Anular”, “Memoria”, “Evo 1” y “Evo 2”, además de otros varios, fueron escritos, compuestos, digitalizados y publicados por su autor, que también les hizo las cubiertas. Para lograrlo tuve que aprender a manejar las computadoras y los programas del caso, pero no fue problema porque sucede que me encantan esos chiches. Hoy mis libros aparecen apenas pide usted a Google datos sobre “Arturo von Vacano” y entre otros 9.000 y pico de datos sobre el suscrito, cifra en la que ni yo puedo creer del todo. O sea que, esté donde esté en el mundo civilizado, mi lector sólo necesita dos minutos y una tarjeta de crédito. Mis libros están literalmente al alcance de sus dedos.

Esa, la teoría. La realidad es un poco más dura. Es una realidad alterada por el Internet también, de modo que el mismo monstruo me dio y me negó el éxito al hacer posibles mis libros.

El Internet ha transformado el mundo hasta amenazar seriamente la continuidad de uno de los milagros tecnológicos más útiles y casi perfecto, el libro tal y como se lo conoce desde Gutenberg.

Lo hizo porque hoy el mundo del libro y sus derivados no es ya de autores y lectores sino uno hecho casi sólo de autores. Esto es, el Internet nos ha dado miles de millones de autores que ofrecen sus textos y sus libros usando los mismos medios que uso yo, el libro digital y las librerías universales. El resultado son los millones de libros que se ofrecen en el Internet, la gran mayoría de los cuales se quedan sin lectores que los compren porque ya nadie lee; todos escribimos. Bien o mal, todos escribimos.

Esta es sin duda la expresión más brutal de la democracia a niveles universales. Quienes no leen pero encontraron en los blogs un modo fácil de escribir sin pensar en lo que dicen han inundado de blogs el Internet. Con los blogs y con los libros, la relación entre calidad y cantidad es la misma que siempre se ha dado: por un millón de mediocres se da un escritor de talento.

Pero, como todos escribimos y publicamos sin preocuparnos de leer, la calidad universal de la literatura ha descendido a niveles suicidas. Hoy, un lector experimentado, un lector que ha refinado su gusto leyendo, se encuentra ante un océano de libros sin poder enterarse sobre la calidad de los mismos porque no existen muchos críticos respetados y porque tales críticos han sido reemplazados por la propaganda y la publicidad.

Si es usted aficionado a los libros hasta hacerse de su biblioteca propia grande o pequeña, sabe de lo que hablo. Todos los años le ofrecen maravillas literarias que dejan diminutos a los Grandes de la Literatura Universal por un instante pero pasan al olvido poco después para dejar el campo a nuevos genios instantáneos pero falsos.

Es ante este Muro del Millón de Dólares que todos mis esfuerzos han venido a estrellarse, y me ha vencido. No tengo un millón de dólares para gastarlos en publicidad para mis libros.

Un best-seller es, como todos sabemos, un escritor mediocre apoyado por un millón de dólares gastados en publicidad. O por diez millones. Todo depende del editor, que es un conglomerado internacional cuyo mejor interés puede consistir en vender basura al mundo para “educarlo” y enseñarle a gustar de esa basura. Lo que digo no es nada nuevo. En cada país civilizado hay un grupo de gente educada que viene quejándose de lo mismo, la “nueva” literatura de masas que es basura intelectual.

La situación es tal que la industria mundial del libro está en agonía. El libro muere porque no podemos hallar los buenos libros y casi nadie compra libros. El editor pequeño, dedicado al arte de la literatura, desapareció hace décadas. Los editores grandes a nivel mundial, cuatro o cinco, hacen lo que los chinos: inundan el mercado de basura. Hoy, todos usamos las mismas corbatas horribles y los mismos calzoncillos amplios “made in China”. Sólo los millonarios visten y, tal vez, leen como “gente”.

Para quienes dedicaron su vida quieras que no a escribir, esta es una situación ferozmente injusta porque no permite competencia alguna.

Es horrendo saber que puedo morir cualquier día de estos sin ganar mi batalla por hacerme “famoso y rico” sólo porque Dios no quiso darme un millón de dólares para mostrar al mundo que soy un escritor (aunque jamás hubo una crítica negativa contra mis libros).

Pero aún me queda un naipe: maldigo al Sistema por la izquierda y tuerzo la boca por la derecha para rogar a mi amable lector que desperdicie unos billetes para “descubrirme” en su librería más cercana para compartir o combatir mis ideas como se hacía en el mundo civilizado. En este mundo nuevo, mi medio siglo de esfuerzos me ha reducido a esto: a mendigar su atención tal y como lo hace el millón de blogs obra de analfabetos o el billón de sitios porno que hacen nuestra cultura del Nuevo Milenio. Como decía el tango del siglo XX: “todo es igual, nada es mejor; lo mismo un burro que un gran profesor.”

Buenos días le de Dios, y muchas gracias.

—————————-

http://www.avonvac.com

avonvac@att.net

Comment by Arturo von Vacano

si..todo muy lindo..el libro electronico es agradable pero las articulaciones?la vista en una pantalla de computadora es buena o mala?es malaa..en el libro tradicional se puede disfrutar de la lectura,sentado,acostado,es una plaza,en donde quiera..estoy totalmente en desacuerdo que el libro tradicional intente reemplazar el tradicional.

Comment by tamara

peace of yet

Comment by armando




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